La luna en la tierra

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Escribe la astróloga Agustina Malter Terrada deAstrología para amar
Ilustra Agus Rúcula



La luna, en la Carta Natal, representa el cuidado que anhelamos, que nos resguarda, para sentirnos seguros y en casa.

Cuando hablamos de la Carta Natal nos referimos al conjunto de energías que se hacen vida y se encarnan en nosotros, en nuestros vínculos y nuestro campo inmediato. Es un espacio de aprendizaje y experiencia de todo lo que nos rodea.



La Carta Natal está compuesta por un montón de personajes que juegan una obra de teatro que pareciera ser nuestra vida. Pero estos personajes tienen su potencialidad en la conciencia. Iluminar la escena es empezar a acercarnos a comprender el guión, y en todo caso poder adaptarlo, re-significarlo, revisarlo y sacarlo del automático.

Solemos leer un millón de páginas de Astrología que nos brindan información minuto a minuto de lo que está “sucediendo” en el Cielo. Seguimos mirando afuera creyendo despertar… pero perdemos registro interno. Necesitamos que alguien nos diga lo que está pasando, porque nos cuesta sentirnos por dentro (o nisiquiera lo registramos…).

La Luna en la Carta Natal es muy parecido a este anhelo humano de que algo más nos diga algo sobre nosotros mismos. A través de su función somos iniciados en la vida, ella es la puerta de entrada al mundo y también a nuestro mapa astral. Es el tamiz por el cual se filtran todas las energías que somos, la gran interpretadora de realidad. Cuando nos sentimos inseguros, nuestra luna nos brinda la sensación de incondicionalidad y cuidado que tanto anhelamos y que nos hace saber resguardados (pero dependientes).

Nos hace sentir seguros y en casa. Pero también, puede ser aquello que nos retiene para no salir nunca del mundo de la infancia, ese momento donde los adultos nos explican qué es la vida. Su función es hacernos crecer, pero cuando se atrofia y se extiende más de lo adecuado, nos detiene y nos impide conectar con nuestra verdadera emocionalidad.
Leemos afuera buscando lo que nos pasa adentro, pero no sabemos leernos a nosotros mismos sintiendo lo que somos. Somos consumidores de símbolos, leemos y repetimos las efemérides, pero no entramos en contacto con nuestra propio ombligo.

Si confundimos seguridad con amor, contención con comodidad, si no conocemos aquello que necesitamos, nuestras heridas, miedos y dolores de panza, nunca podremos amarnos y menos que aún, amar. No podemos amar lo que no conocemos. Y cuanto más conocemos, más nos daremos cuenta que nada conocemos… eso también es parte del viaje del amar.

Nadie puede leernos la vida, nadie puede decirnos cómo vivir. No hay nada que tenga más o menos fuerza que el propio ser. Pero no es la fuerza de voluntad a la que me refiero, ni pasa por la inteligencia, ni por saber o no lo que me dice el Cielo. A lo mejor es más un retirarse del anhelo de protección para darnos cuenta que no hay lugar más seguro que no sea estar en nosotros mismos, sintiéndonos y recordándonos que la vida es ahora. Y que pasado, presente y futuro son uno solo: ahora.

Que lo esencial deje de ser invisible a los ojos.

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Astrología para amar
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[ Nota publicada en Revista Motor #14 ]

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